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domingo, 18 de enero de 2015

"Jornadas de 13 horas, 19 causas e infartos: los 'riesgos' de ser juez"

"SUSPENDIDOS". Es lo que se lee a la izquierda de los 19 juicios que el juez Ángel Luis del Olmo tenía apuntados en su agenda para la mañana del 2 de julio de 2013. 19 juicios, establecidos con diez o cinco minutos de diferencia los más, dos de ellos a la misma hora -9,15 de la mañana-, y un tercero un minuto antes, a las 9,14. Aquella era una jornada normal para el juez Del Olmo: desayuno hacia las 8 en una cafetería próxima a los juzgados de lo social de la calle Princesa de Madrid -el suyo era el 25-; mañana llena de juicios; tarde en su despacho para hacer las sentencias; salida, según relata un compañero ("Muchos seguimos trabajando en casa, pero Ángel Luis vivía en el juzgado") siempre pasadas las 10 de la noche. Más de 13 horas de jornada que aquel 2 de julio de 2013 no llegaron a comenzar: en el ascensor en el que subía a la planta 8ª, la de su juzgado, se desmayó a causa de un infarto, lo sacaron al rellano y allí -en el edificio no había desfibrilador- falleció.
Alguien escribió en su agenda en letras mayúsculas, al lado de sus 19 juicios: "SUSPENDIDOS". Quizá fuera la entonces secretaria de su juzgado, que hoy declara: "Se implicaba mucho. Hubo días que celebró hasta 21 juicios, y él llevaba las sentencias, que podían llegar a 38 a la semana, al día. Estábamos allí todas las tardes, y no éramos los únicos". Ángel Luis del Olmo había tenido algún tropiezo en su carrera, pero en los juzgados de lo social muchos lo recuerdan ante todo como un hombre tal vez peculiar, pero sobre todo trabajador. Había sustituido a un interino que, a su vez, sustituyó a otro juez con incapacidad también por problemas cardiacos.
Pilar Varas, compañera de Del Olmo en lo social, lleva un infarto y una angina de pecho: "Obviamente, no se trataba sólo de un problema de estrés, yo tenía colesterol. Pero el estrés actúa de detonante, y desde luego en las salas de lo social, en Madrid, el estrés es común". De otro juez de la capital, este de mercantil, cuentan que pedía su cartera con los expedientes mientras se lo llevaban en camilla, víctima también de un infarto. 
Agenda de Ángel Luis del Olmo el día de su fallecimiento. Agenda de Ángel Luis del Olmo el día de su fallecimiento.
Son, quizá, la muestra más lacerante de una realidad, la de la sobrecarga de trabajo en muchos juzgados, que ha motivado, en buena parte, una demanda de conflicto colectivo de la Asociación Jueces Para la Democracia contra el Consejo General del Poder Judicial y el Ministerio de Justicia ante la Audiencia Nacional que se verá, si no hay acuerdo previo, el 3 de febrero. En ella los acusa de haber incumplido su obligación de evaluar "los riesgos, incluidos los psicosociales, para la seguridad y salud" de jueces y magistrados y la de "elaborar un Plan de prevención de riesgos laborales" (son quizá el único colectivo de empleados públicos que no lo tienen) y pide a la Audiencia, entre otras cuestiones, que los inste a la "inmediata adopción de medidas de protección".
Tras la demanda, pionera, está la negociación de un Sistema de Prevención de Riesgos Laborales que contemple la carga máxima de trabajo de los jueces y magistrados. Tanto el Consejo como el Ministerio se comprometieron a adoptarlo en 2010 y, según declaraban la pasada semana en el CGPJ, el tema se reactivó no desde que se interpuso la demanda, sino desde la formación del nuevo Consejo: existe, dicen, un borrador y prevén aprobarlo antes de fin de mes. Este mismo viernes se reunió la Comisión Nacional de Seguridad y Salud de la Carrera Judicial (CNSS), que cuenta con representantes del Consejo y de las asociaciones judiciales. Glòria Poyatos, representante de Jueces Para la Democracia en la Comisión, recalca que su asociación "mantiene su posición de que se incluyan en el Plan de Prevención las cargas de trabajo como el riesgo profesional estrella".
La demanda de Jueces para la Democracia cita estudios como el Informe sobre los Órganos Judiciales que Sobrepasan el 150% de la Carga de Trabajo, que publicó el CGPJ el pasado año, y que establece que un 43,53% de los órganos judiciales superan el 150% de la carga de trabajo que el propio Consejo considera normal (allí aparece el juzgado ante cuyas puertas murió Del Olmo con una sobrecarga del 196%). También el Informe Urgente sobre Riesgos Psicosociales y Carga de Trabajo en la Carrera Judicial, elaborado por la sección sindical de la asociación, que determina que el riesgo piscosocial más grave entre los jueces son las llamadas "exigencias psicológicas", que ponen en relación el volumen de trabajo con el tiempo disponible para realizarlo y afectan a un 92% de los jueces. 
El resultado tiene un nombre, estrés, y varios perjudicados: Poyatos habla de una "grave amenaza no sólo para los juzgadores, sino también para la salubridad de la Justicia, pues una carga de trabajo puede ser una magnífica herramienta política de neutralización judicial, y un bálsamo en la tramitación de numerosos procedimientos de corrupción, que se eternizan procesalmente". Antonio Seoane, titular del juzgado de lo Social nº 34 de Madrid, añade otros aspectos: "Con la crisis, aumenta la cantidad de trabajo y disminuye la calidad, y tú, como juez, eres consciente de ello. Nuestro trabajo no es como para que nos sintamos orgullosos. No podemos dedicarnos a hacer churros por sistema", declara, mientras recuerda semanas de 60 juicios y más de 60 horas de trabajo y habla de juicios que no se preparan previamente y de presiones tal vez excesivas en ocasiones para que las partes lleguen a una conciliación (y el juez pueda ahorrarse esa sentencia y dedicar tiempo a otros casos). "El problema es en qué condiciones se hacen 20 juicios en un día", añade este juez, que ha pisado el freno porque "se trata de no morir en el intento". 
A todo esto se une el tipo de temas que llegan a los tribunales con la crisis, de mayor complejidad -en el caso de lo social, despidos por causas económicas con intervención de peritos económicos e ingenieros y amplias documentales de 4.000 folios- y carga emocional: "El de la mujer a la que se concede la pensión y, cuando llega la sentencia, la hija te dice que falleció hace meses; el de los hermanos despedidos de la fábrica a los que citas en cinco meses, y te dicen que cómo comen mientras tanto... Es mejor no enterarse, porque entonces haces lo que hacía Ángel Luis: te metes 20 juicios al día", explica Seoane. En la agenda de Del Olmo de aquel 2 de julio hay consignados temas de Seguridad Social, reclamaciones de salarios, despidos, sanciones...
Y luego están los medios, escasos o inapropiados, de los que se lamentan en muchos juzgados: Miguel Ángel Izquierdo, secretario judicial, describe edificios "del tercer mundo, con goteras, funcionarios y expedientes apiñados, un archivo que se inundaba cada dos por tres y programas informáticos que ya están descatalogados. En el decanato de Navalcarnero, con 6.000 asuntos y seis juzgados, hay un solo funcionario. Faltan medios materiales y de personal y también organización para distribuir el personal donde se necesita", apunta.   
Jueces Para la Democracia reclama un Plan de Prevención que contemple una carga máxima de trabajo para los jueces y la sobrecarga como un riesgo laboral. Algo que pudiera parecer sencillo y que quizá esté tardando tanto porque, como dice Antonio Seoane, asumirlo implicaría reconocer la necesidad urgente de la justicia española de "dinero, y jueces, jueces y más jueces".
Fuente: elconfidencial.com

jueves, 6 de febrero de 2014

ENTREVISTA A L JUEZ ELPIDIO JOSÉ SILVA




'300.000 ciudadanos dicen  

estar conmigo. Más jueces y fiscales'










¨Lo entrevistamos al filo de la medianoche, en la desierta cafetería de un hotel madrileño. El juez Elpidio José Silva llega puntual. Antes de entrar en harina, y también después, hablamos de lo divino y lo humano. En la charla se deslizan Jung, Epicteto o (tomen buena nota sus adversarios) las disquisiciones estratégicas de Sun Tzu y los principios tácticos recogidos por Erwin Rommel en su clásico La infantería al ataque. Hasta aquí sus armas le han dado resultado en los expedientes incoados por el Consejo General del Poder Judicial(CGPJ), siempre resueltos a su favor. Ahora enfrenta su batalla más ardua: la apertura de juicio por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) por prevaricación y detención ilegal en relación con su actuación como instructor del caso Blesa (la compra del City National Bank de Florida por parte de Caja Madrid cuando Miguel Blesa era presidente). Y va a defenderse.
Para unos, es usted el juez que se extralimitó con un banquero; para otros, el juez con el que se ensaña el sistema por haber osado tocar a sus poderosos corruptos. ¿Dónde, entre ambos extremos, se ve usted?
Yo era un juez normal, durante más de 20 años no he destacado ni he querido destacar. Lo que ha pasado con el caso Blesa es como el dentista que va a la consulta a hacer un trabajo dental, toca un nervio y hay una hemorragia. He tocado un nervio muy difícil, que tiene que ver con gestión bancaria criminal durante más de 15 años y con un país que creía que iba bien cuando realmente estaba naufragando en una corrupción de mucho calado. Mi instrucción ha observado los cánones, como procuro siempre. El error es la defensa de Blesa. Hoy millones de ciudadanos saben que se quiere quitar de en medio a un juez solamente porque hacía su trabajo.
En el auto que confirma la apertura de juicio oral, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) alude al «abuso de las funciones de juez» y justifica que los errores producidos en la instrucción tienen relevancia penal porque son «fallos de la persona y no del sistema». Esto es muy duro y se lee pocas veces de un juez, con esa contundencia.
Sí, en la querella del fiscal [Manuel] Moix, y la forma vergonzosa en que esa querella ha sido secundada, hay muchas palabras y poco fundamento. Yo no he abusado nunca, mis resoluciones son sencillas: veo que el banco de Miami se ha comprado en condiciones en que nadie compraría un banco salvo demencia, profunda ineptitud u otras cosas más turbias. No tenemos datos de que Blesa sea un demente. Ineptitud puede haber, pero convive con indicios de criminalidad en cuanto a la compra que pone de manifiesto la autoridad norteamericana de supervisión financiera, la OCC [Office of the Comptroller of the Currency]. No soy yo, es la OCC. Y el Banco de España me da un informe, sin que yo se lo pida, en el que hay un elenco de irregularidades tremendo. Cuando te saltas tres stop, dos semáforos en rojo, conduces a contramano y vas borracho, si pillas a una señora es un homicidio. Compras atropelladamente porque sabes que tu mandato se acaba (se deduce de los correos, de una carpeta que se llama Esperanza Aguirre), y con consecuencias ruinosas: la entidad se hunde y precipita un rescate bancario que compromete el futuro de generaciones. Son indicios de criminalidad espectaculares. Eso, la posibilidad de fuga, ya que la pena puede ser elevada, y el riesgo de manipulación de pruebas me llevan a ingresar en prisión a este señor.
Se le imputa ordenar prisión sin motivarlo y sin que lo pida una parte debidamente personada en el momento de acordarse.
Cuando se dice eso se ignoran al menos dos cosas: la primera es que allí estaba la fiscalía y lo vio bien; la segunda, que si una persona se llama Carlos Domínguez Ruiz y yo digo que se admite su personación como Carlos Domínguez, no deja de estar. Aquí la funcionaria comete un déficit de precisión en la providencia que me pasa a la firma y pone que Manos Limpias está personada como acusación particular y olvida poner «particular popular». No hay más. ¿Mal razonada la prisión? Hay 17 folios. En una guardia en la que cae una red de narcotráfico, proxenetismo y abuso de menores, con alguna violada y otra muerta, todo se despacha en cinco folios. Y van todos al trullo, y no pasa nada.
Ante estas imputaciones, y las demás que contiene el auto, ¿cómo se ve? ¿Se encuentra solo?
No me encuentro solo. Me encuentro con secretarios judiciales que dicen que no incurrí en retraso, con unos peritos que dicen que mi instrucción fue muy buena y la Guardia Civil está muy satisfecha y ha hecho una declaración que va más allá de lo previsible. Tengo que decir que eran profesionales de muy alto relieve. Y después tengo a unos 300.000 ciudadanos, que yo sepa, que dicen que están conmigo. Y más de 1.000 jueces y fiscales que me siguen. Esta es la soledad que tengo. Hemos montado un espectáculo deshonroso, y lo sabe la agencia Reuters, lo sabe el Wall Street Journal y lo saben todos los españoles. Esto es una vergüenza.
¿Por qué y desde cuándo se le trata de presentar como un juez problemático, con sus expedientes en el CGPJ, etcétera?
El CGPJ es un órgano que secuestra a los jueces. Mediante una serie de presiones disciplinarias, diligencias informativas, premios y controles varios se ha adueñado del poder judicial, lo ha enjaulado, lo ha sometido a un pantano de incertidumbres y presiones. Ésta es la verdad y la explico en mi libro, La justicia desahuciada (ed. Península): cómo el Consejo hace esto y yo nunca me he dejado. El caso Blesa ha saltado a los medios porque ha habido un error, no porque yo quisiera. El error de aquellos corruptos que han dicho: «Vamos a denigrarle, y denigrándole y colocándole como diana nos lo vamos a cargar». Pues no, se ha conseguido darle la vuelta a esto y el CGPJ ha quedado en evidencia. Esto no pasa ni en Nigeria. Hay una plataforma de juezas nigerianas que me apoya. Según su decana, «en un país tercermundista como el nuestro, no se puede apartar al juez porque el prosecutor (el fiscal) dirija una acción penal contra él». Hay una inmunidad del juez mientras trabaja.
Dejemos en este punto el «caso Blesa». Me gustaría ir ahora un poco más allá, a los problemas de la Justicia en nuestro país. En términos muy generales, ¿qué diría usted que falla en la Justicia española?
Por una parte, el sistema de selección de jueces es una vergüenza que no se mantiene en ninguna parte del mundo. Consiste en cantar temas, y esto está sujeto a un grado de arbitrariedad elevado. Termina entrando gente que no debería entrar. En segundo lugar, el problema de la Justicia española es que está en manos del CGPJ. La Constitución dice que tiene el gobierno de los jueces. Y lo que ahí se encierra es un cautiverio y la eliminación de la separación de poderes. Que, por cierto, Montesquieu nunca habló de eso, sino de détournement, que alude más bien a «equilibrio», lo que los americanos llaman interbalance. No tenemos Justicia cuando se trata de trabajar contra personajes importantes. A eso hay que unirle el amedrentamiento, la cobardía de muchos compañeros y la poca base histórica de legitimidad y de ética judicial. Los cargos de justicia han pertenecido al conde-duque de Olivares de turno hasta el siglo XIX. No tenemos una historia heroica.
¿Y qué alternativa hay, cómo cree que debería ser el acceso a la carrera?
Pues muy claro. Como el acceso a la profesión de la persona que te abre en canal, te saca un riñón y te pone otro: tipo test. Como se accede al MIR. Un gran examen tipo test, como se hace en Francia para acceder a la Escuela Nacional de Administración, un cuerpo modélico a todos los niveles. Un test sin ninguna incidencia del apellido para ingresar en cuerpos del Estado y, según el número, pides abogado del Estado, notario, juez, etcétera. Quitar todo este rollo de oposiciones que no sirven para nada. Tenemos que montar un modelo, además, abierto, donde los jueces intervengan, participen. Y en determinadas instancias hay que quitar la discrecionalidad y contar con sistemas de elección popular. Los presidentes de los Tribunales Superiores de Justicia deberían ser por elección popular y no convertirse en nichos de protección de los partidos políticos.
Sobre lo que falla en nuestra Justicia, afinando un poco más y yendo a un tema más concreto, hay unas palabras de Quevedo...
«Peligroso es tener razón...» [«donde hay poca Justicia», precisa la frase original].
No, ésas no; son dos versos del poema «A un juez mercadería»: «Sólo quien te da te quita dudas, / no te gobiernan textos sino tratos». ¿Qué falla en la persecución de los corruptos, esos que hacen tratos saltándose los textos?
En primer lugar, el diseño del poder judicial. Cuando en un juzgado cae un caso de corrupción, lo primero que hay que respetarle al juez es la potestad de decidir qué es lo que es importante y lo que no. Lo segundo, hay que cambiar la Ley de Enjuiciamiento Criminal, porque permite que se recurra todo, un ametrallamiento que supera al juzgado y genera la posibilidad de intervenir en la instrucción por parte de los medios en momentos muy delicados, a diferencia del sistema francés o el sistema belga en que solo se recurre al final de la instrucción. Y en tercer lugar, lo que falla es que tiene que haber una voluntad en los partidos políticos para cambiar la Ley Enjuiciamiento Criminal y llegar a este resultado. Como esto no se ha querido hacer, no podemos combatir la corrupción. Así de sencillo.
El TSJM dice en su auto que en el juicio podrá verse todo con más profundidad, sin perjuicio de que indiciariamente estén esas imputaciones ahí. No le voy a pedir que me anticipe la estrategia de defensa, pero, ¿cuál es el discurso que va a mantener en ese juicio oral, que no va a ser una simple vista pública, sino algo de lo que está pendiente buena parte de la sociedad española?
La principal estrategia de defensa es la transparencia. No tengo nada que esconder. La estrategia es poner de manifiesto que con las pruebas que había la instrucción fue adecuada. Y si hay un juicio, que no tengo claro si lo va a haber, y pudiera ser que no, quizá por eso han dejado al instructor cometer todo tipo de excesos, tengo claro que quien pierde no soy yo, sino el imputado, Miguel Blesa de la Parra.
Recuperando esa cita que hacía usted antes de Quevedo, ¿espera usted que le hagan justicia? Y si es así, ¿dónde espera que se la hagan?
El canon judicial de Estrasburgo es mi marco, y mi marginal diferencial respecto de mis compañeros. Yo he estado becado por el Consejo de Europa, he sido profesor en Bolonia, he trabajado en París, en Montpellier, estoy educado en el marco europeo y ahí no caben este tipo de trazas demenciales.
¿Cree que deberá esperar a que su causa llegue ahí?
En Estrasburgo esto está ganado, por desgracia a costa del bolsillo de los ciudadanos españoles, no de los ineptos que han organizado esto, que es lo triste. Pero creo que el Tribunal Supremo también está en otra dinámica y revocaría duramente una sentencia de condena por parte del TSJM, y creo que el propio TSJM tendría muchísimas dificultades para redactar unos hechos probados de sentencia de condena. Lo podría colocar en un ridículo enorme y al borde de la prevaricación.
Y si resulta que finalmente ha de esperar a Estrasburgo, ¿se ve en política?
Lo que creo es que la corrupción en España está generando una tasa de integridad a todos los niveles muy costosa para los ciudadanos, es lo que yo llamo una prima de riesgo sin valorar de inseguridad jurídica. Eso hace que el país esté a precio de saldo, y si hay que tomar decisiones de movilización a nivel político, y si esa implicación mía tiene sentido en algo que sea constructivo y que pueda canalizar adecuadamente un gran movimiento ciudadano, desde luego no me voy a mantener al margen. Si no me he mantenido al margen como juez amordazado y de a pie, menos lo voy a hacer como ciudadano. Hay una serie de elementos indeseables incrustados en el sistema español que están produciendo un daño terrible. Esto tenemos que liquidarlo y tenemos que purgarlo y lo podemos hacer. La mayoría de los españoles queremos tener un espacio al que se le suele llamar hogar o patria donde vivir bien y tener lo que nos merecemos y no depender de unos cuantos que quieren vivir en la impunidad. Nada de lo que ha pasado aquí debe salir gratis.¨
elmundo.es/cronica/2014/02/02/52ecf9a3268e3ed64f8b456d.html

martes, 24 de septiembre de 2013

Dr. Eric García López

¨
¨Eric García es Doctor en Psicología Clínica, Legal y Forense, graduado con mención
honorífica (Summa Cum Laude por unanimidad) en la Universidad Complutense de
Madrid (UCM). Obtuvo el título del Máster en Psicopatología Forense por la citada
Universidad y el título del Máster en Derechos y Necesidades de la Infancia y la
Adolescencia por UNICEF España y la Universidad Autónoma de Madrid. Asimismo,
obtuvo el grado académico del Doctorado en Neurociencia y cursó los estudios de
especialización en Criminología Psicosocial, en la Facultad de Sociología y Ciencias
Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, el Diplomado en Derechos Humanos
por la Cátedra UNESCO de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y las
comisiones nacional y estatal de Derechos Humanos.
Ha asistido a seminarios y conferencias de especialización en el Instituto de Criminología,
en Cambridge, Inglaterra; la Universidad de Barcelona, el Centro Reina Sofía para el
Estudio de la Violencia, la Universidad de Salamanca, España; etc. Ha presentado
ponencias, simposios y conferencias magistrales en Leuven, Bélgica; Granada, España;
Bogotá, Colombia; Venezuela, etc.
Estudió la licenciatura en Psicología dentro del área clínica y la licenciatura en Derecho en
la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca y el Instituto de Estudios Superiores
del mismo estado. Ha sido jefe del área de psicología del Consejo de tutela para
adolescentes infractores, psicólogo de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, Asesor
del Procurador General de Justicia del Estado, Becario del Consejo Nacional de Ciencia y
Tecnología de México, Profesor de Tiempo Completo (Psicopatología y Derechos
Humanos) en la Universidad Regional del Sureste y Profesor de Victimología y
Criminología en la Universidad Anáhuac.
Actualmente es Director de Investigación y Posgrado en la Universidad Autónoma “Benito
Juárez” de Oaxaca, profesor de Psicopatología y Ciencia Criminológica en la Maestría en
Derecho y Ciencias Penales, Profesor del Centro Internacional de Formación e
Investigación en Psicopatología Criminal y Forense, con sede en Madrid y Consejero de la
Comisión para la Defensa de los Derechos Humanos.
Forma parte del Comité Científico Internacional de la Revista Diversitas, Perspectivas en
Psicología, de la Universidad Santo Tomás, en Colombia. Asimismo, es profesor invitado
de los diplomados en Psicología Jurídica de la Sociedad Mexicana de Psicología, del
Instituto Interdisciplinario de Psicología Jurídica, en Mérida, Yucatán y del Instituto
Nacional de Ciencias Penales (INACIPE) en la Benemérita Universidad Autónoma de
Puebla (BUAP). Participa en diversos congresos nacionales e internacionales con temas
relacionados con la psicología jurídica, la psicopatología forense, la criminología y la
victimología. Ha sido docente desde 1996 en diversas instituciones académicas.
Es autor del libro “Fundamentos de Psicología Jurídica y Forense” (Oxford University) y de
varias publicaciones arbitradas. Es miembro titular de la Sociedad Mexicana de
Neuropsicología, miembro Fundador de la Asociación Latinoamericana de Psicología
Jurídica y Forense, miembro titular de la Asociación Iberoamericana de Psicología
Jurídica, miembro de la Sociedad Mundial de Victimología y de la Sociedad Mexicana de
Psicología.
Ha sido miembro de la Sociedad Española de Neurociencia, de la European Association
of Psychology and Law y de la Sociedad Española de Psicopatología Forense, entre
otras.¨

psicocent.com.ar/autor_cv.php?idautor=93
NOTA: Este artículo no esta actualizado, data del 2010.

lunes, 29 de abril de 2013

Prof. Dr. Daniel Kahneman: Cuanto más inteligentes, más proclives a sesgos cognitivos.


Cuanto más inteligentes, más proclives a sesgos cognitivos

El titular resulta contraintuitivo. Como casi todo lo que Daniel Kahneman, premio nobel y uno de lospsicólogos más respetados de nuestro tiempo, nos cuenta en Thinking Fast and Slow, uno de los libros que tengo casi terminado por el escritorio. Su propuesta, trabajada con Amos Tversky y otros psicólogos de la cognición humana, consiste en demostrar cómo de irracionales somos en el fondo, cómo de susceptibles a los más diversos errores cognitivos nos mostramos y cómo la mayor parte del tiempo nos dejamos llevar por el tipo de pensamiento rápido, superficial, aparentemente intuitivo que nos domina la mayor parte del tiempo.
Cuando nos enfrentamos a una nueva situación no evaluamos cuidadosamente la información ni realizamos complicados cálculos estadísticos sino que tomamos uno de los numerosos atajos cognitivos que suelen llevarnos a tomar decisiones erróneas.
Pues bien… un nuevo estudio en el Journal of Personality and Social Psychology  que descubro en The New yorker sugiere que además, contra lo que pudiera parecer, la gente más inteligente es más vulnerable a este tipo de errores en el pensamiento.
La investigación consistía en pasar a 482 participantes un cuestionario con distintos problemas de sesgo clásicos, como los que podéis encontrar en el libro citado de Kahneman. Aquí un ejemplo de los que se citan en la investigación:
Tenemos en un lago  una zona de hojas de nenúfar. Cada día se duplica en tamaño. Si se tarda 48 días en que cubra todo el lago, ¿cuánto tiempo tardará en cubrir la mitad del lago? (Pues sí, parece que lo más fácil es dividir la respuesta por dos, quedando en 24 días. Pues no es correcto, el pensamiento exponencial no es fácil ni intuitivo y … la solución sería 47 días. )
Los resultados eran sorprendentes y mostraban cómo la inteligencia, lo que los investigadores llamaban la sofisticación cognitiva y contra todas las críticas a Kahneman por  investigar lo que muchos pensaban la psicología de la estupidez, correlacionaba con más irracionalidad. En concreto parece que la gente más inteligente era más vulnerable a los errores mentales comunes.  La autoconciencia, además, no ayudaba… y los que eran más conscientes de sus propios fallos cognitivos no tendían a cometerlos en menor medida (precisamente, como veremos, porque estos son inconscientes)
Una de las posibles hipótesis está en considerar la fuerza del “meta-sesgo” de la tendencia natural a asumir que cualquier otra persona es más susceptible de cometer errores cognitivos que nosotros mismos. El denominado sesgo del punto ciego consiste en aquello de “ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”,  estableciendo una diferencia crucial entre cómo evaluamos a los demás y cómo nos evaluamos a nosotros mismos. En este sentido, cuando consideramos las elecciones irracionales de un extraño nos vemos obligados a confiar en información comportamental, vemos sus fallos desde fuera y somos capaces de detectarlos, pero cuando nos valoramos a nosotros mismos elaboramos las cosas de forma introspectiva. Siendo los motivos de los sesgos mayoritariamente inconscientes, son elusivos precisamente a eso, a la introspección, al autoanálisis y la inteligencia.
Si unimos lo anterior a lo que explicábamos en un post reciente sobre la ignorancia como gran creadora de historias, veremos claramente cómo la introspección puede incluso ser perjudicial, cegando y ayudando a construir historias más elocuentes pero erróneas  a la gente con mayor puntuación en los tests.
¿Se aplica al autoconocimiento más que a cualquier otra forma de conocimiento la máxima socrática de “solo sé que no sé nada” o la sensación subjetiva de que cuanto más se sabe mayor es la sensación de que queda mucho por conocer?  Puede que cuanto más intentemos conocernos a nosotros mismos más nos alejemos de hacerlo…
La anterior sería una posible explicación pero habiendo leído a Kahneman hay detalles que no me cuadran. Según el autor, es infrecuente pero posible es la puesta en marcha de un sistema de pensamiento más reflexivo, consciente, racional que el primero, capaz de detectar los errores y de no cometerlos. Es probable que el tema no se aplique igual a la autoevaluación que a la ajena pero se me ocurre una última explicación para los resultados de la investigación y es que  podría ser que todo se debiese a una cuestión de expectativas sobre la autoeficacia: conocida es la imprecisión de los sistemas de medición de la inteligencia (en este caso S.A.T. y la escala Need for Cognition, que mide la tendencia a implicarse y disfrutar del pensamiento), más desde que se mira a la misma desde un punto de vista simplista en tiempos de multi-inteligencias (de eso hablaremos en un ratito en La Red Innova). A pesar de ello el hecho de pasar un test clásico con buena puntuación genera unas expectativas acerca de uno mismo que pueden hacer a los que puntúan alto excesivamente confiados, procesando problemas con el sistema automático porque se valora que no vale la pena poner de marcha el otro, que se es lo suficientemente inteligente como para dejar que lo automático decia. La gente por debajo o en la media, sin embargo, no se confiaría y trabajaría duro, pondría en marcha los sistemas más “racionales” para resolver las cosas.
En fin… que surge de nuevo la educación emocional como clave. Todo dependerá del autoconcepto porque volviendo a un post anterior, no somos todo lo genios que nos dicen que somos y lo único válido es el valor del esfuerzo.
Además, lo decíamos hace tiempo sobre Gardner y las inteligencias múltiples, la globalización de los conceptos que vivimos nos traerá muchas más,diversas y justas formas de inteligencia… ¿Qué pasará con el talento en una sociedad-red en la que más personas y más diversas tienen más posibilidades, más independientes de los condicionantes de poder tradicionales, de demostrarlo?

 http://www.dreig.eu

miércoles, 27 de febrero de 2013

La formación psicológica de los juristas.


                    ¨La formación psicológica de los juristas: una asignatura pendiente

Lluis MUÑOZ SABATÉ, Presidente del Instituto de Probática y Derecho Probatorio de la 

Facultad de Derecho de ESADE (Universidad Ramón Llull de Barcelona)
Aún dicho de una manera hiperbólica, si el derecho es una forma de control de la conducta, cosa que no cabe poner en duda, el derecho no dejará, pues, de ser sino un capítulo o apartado de la psicología.
 No hay nada más alarmante que apercibirse de la escasa trabazón interdisciplinaria entre ambas disciplinas
Está todavía por hacerse realidad la definición que diera Mira y López de la psicología jurídica como una
psicología aplicada al mejor ejercicio del derecho.¨
Ver más en:   http://diariolaley.laley.es

lunes, 26 de noviembre de 2012

EL JURADO EN ESPAÑA


El Jurado: una institución avocada a su desaparición


“El jurado está compuesto por doce personas elegidas para decidir quien tiene el mejor abogado”
ROBERT LEE FROST
El Jurado en España, es una institución que existe en nuestro ordenamiento jurídico actual por mandato constitucional desde la aprobación por la Ley Orgánica 5/1995 del jurado, permitiendo que los ciudadanos participen en la administración  de justicia,  pues así lo establece el artículo 125 de la Constitución Española de 1978, el que establece que:
“Los ciudadanos podrán ejercer la acción popular y participar en la Administración de Justicia mediante la institución del Jurado, en la forma y con respecto a aquellos procesos penales que la Ley determine, así como en los Tribunales consuetudinarios y tradicionales”
Como siempre, buscando una cuota de representación parlamentaria, con el objeto torticero de ganar las elecciones de ese año y cuya convocatoria estaba próxima. Así esta Ley  nació en mitad de una gran campaña política donde los medios de comunicación contribuyeron a su aprobación justo antes de esas elecciones generales, siendo ello meramente propaganda política, más que una auténtica realidad y necesidad social del momento.
Además, esta Ley nace con una polémica democrática, y es que fue aprobada faltando el voto de 72 diputados para que hubiese el quorum necesario que requiere toda Ley orgánica para ser aprobada conforme exige artículo 81 de nuestra Carta Magna.
Fue tan precipitada su redacción, que tuvo que ser reformada, una vez aprobada y antes que entrase en vigor esta ley, puesto que los plazos que se marcaban para su puesta en marcha.
Entrando en un análisis más concreto de esta Ley,  la misma establece el derecho-deber del ciudadano a participar en la justicia de modo directo, de tal forma que  la misma desarrolla tanto medidas coercitivas para asegurar el cumplimiento del deber, incluso con sanciones penales para el caso de incumplimiento, como medida para garantizar el ejercicio de este derecho por los ciudadanos, negando la posibilidad de la objeción de conciencia para evitar la caprichosa negación a cumplirlo.
En nuestra tradición jurídica, esta institución encontraba acomodo en el estatuto de Bayona donde se reconocía de una forma implícita al jurado popular; pero fue con la constitución Española de 1812 donde se facultó a las Cortes a promulgar una ley que regulara la institución del Jurado, quedando el artículo 307 de la “Pepa” redactado de la forma siguiente:
“Si con el tiempo creyeren las Cortes que conviene haya distinción entre los jueces del hecho y del derecho, la establecerán en la forma que juzguen conducente”
Ya en la Segunda República, en el año 1931, también fue promulgada esta institución´´on del Jurado, dejando de ser aplicada tras el alzamiento nacional en el año 1936.
Entrando a valorar la necesidad actual de esta institución en un Estado social, democrático y de derecho como el nuestro, cabe hacerse dos preguntas básicas para llevar a cabo un ejercicio de reflexión que nos lleve a tener una opinión basada en el sentido común.
¿Para qué están los jueces y que papel desempeñan en esta institución? ¿La existencia de esta institución ampara una vulneración del principio de igualdad ante la Ley en el sentido que unos delincuentes son enjuiciados por jueces y otros por ciudadanos ajenos al mundo del derecho?
Para responder a la primera cuestión hemos de analizar el tipo de jurado que tenemos impuesto en nuestro país por esta Ley orgánica. En la creación de la misma  se optó por lo que se llama sistema “puro” o anglosajón. No obstante, se trata un sistema anglosajón “sui generis” por exigir que el veredicto sea motivado según se desprende del artículo 61.1 d LOTJ, o  la formulación de preguntas del jurado al acusado, a los peritos o a los testigos a través del presidente de la Sala conforme previene el 46.1 de referida Ley.
No olvidemos que los jurados españoles emiten su veredicto sin el asesoramiento jurídico de ningún juez profesional, por ello, nuestro sistema de jurado está muy lejos del sistema escabinato o del mixto, donde pueden concurrir legos y magistrados técnicos, constituyendo todos ellos un colegio que conoce y enjuicia la totalidad del procedimiento: el juicio oral, la culpabilidad o absolución y el establecimiento de la pena, así como la posible responsabilidad civil.
En consecuencia, de aquí surge el primer problema actual, donde se observan ambientes de histeria popular colectiva generada por un alarmismo social innecesario que suelen crear los medios de comunicación, acaban en un juicio paralelo que en todo momento subyace en la mente de los jurados, y así tenemos el primer antecedente en el caso del asesinato de Rocío Wanninkhof, un patente caso de error jurídico grave y de fracaso de la institución del jurado, en un juicio donde se advierten irregularidades por parte de las autoridades judiciales y policiales, y en la que Dolores Vázquez Mosquera fue declarada culpable por un jurado popular de la muerte de esta menor, quien había sido asesinada en octubre de 1999 cerca de Mijas (provincia de Málaga).
Finalmente y tras el paso de los años, con una inocente en prisión durante casi cuatro años, se pudo descubrir el error proveniente ya desde la propia instrucción del caso al resolverse otro asesinato posterior, el de la joven Sonia Carabantes, en agosto del año 2003 y descubrirse que el ADN del asesino de Sonia Carabantes coincidía con el ADN encontrado en pruebas del caso de Rocío Wanninkhof.
Por supuesto hasta la fecha han seguido existiendo otros tantos casos de error judicial en esta obsoleta institución, siendo el último el conocido caso de absolución por parte del jurado de María Pilar marcos de asesinar a su marido de forma alevosa porque éste la había abofeteado, sentencia que fue revocada posteriormente por el Tribunal Superior de Justicia de Navarra, en el que la defensa se conformó con la pena de tres años solicitada por el Ministerio Fiscal en febrero del presente año.
Siempre es más deseable en un derecho penal moderno y garantista constitucionalmente conforme, ver a cien culpables en libertad antes que a un inocente en prisión.
Otra de las cuestiones choca a mi modo de ver con el principio de igualdad ante la Ley, el derecho a un Juez predeterminado por ésta y a la tutela judicial efectiva, pues realmente se produce la discriminación del reo que tiene que soportar un procedimiento específico regido por unas normas específicas sobre unas materias determinadas y enjuiciado por ciudadanos no legos, mientras que otros reos no corren esa suerte.
Nunca debió de existir esta institución en un sistema jurídico como el nuestro, a la vista está su fracaso y el coste económico tan grande que le supone esta obsoleta institución a los contribuyentes, precisamente por ello, tampoco es viable el sistema escabinato o mixto en un país donde otros países tienen que dejarnos dinero para sufragar otras prestaciones sociales más fundamentales como la sanidad, la educación o la propia justicia gratuita.
El propio imperativo constitucional cuando establece la participación de los ciudadanos en la justicia en su artículo 112, usa el término podrán, cuando en la actualidad se obliga al ciudadano, pues referida ley establece como ya se ha dicho un deber, además de ser un derecho, por ello entiendo que la mejor solución y la más económica es erradicar esta costosa institución.
En cuanto a la cita de Robert Lee Frost, cuanto mejor es el abogado (preparación, esfuerzo, intuición, estudio, prudencia, gran oratoria, etc.) más garantías ofrece el ordenamiento jurídico en el que éste se desenvuelve para su cliente, el reo.
Finalmente y no por desorden, pues he de analizar la cita que al principio de este artículo invoco, a mi parecer supone que la justicia penal es solo para los más pudientes, quedando los pobres al margen de el lujo de la justicia, y es que el objeto del veredicto es elaborado por los jurados, estos a su vez son elegidos a conveniencia de los abogados ya que pueden ser tachados hasta cuatro sin motivo alguno según dispone el artículo 40.3 de referida Ley orgánica.
Además, si el abogado es astuto y por ejemplo, su cliente está acusado de un crimen pasional-violencia de género, intentará tachar sin motivo a todas las mujeres que pueda.
Las preguntas que puede formular  el letrado a los jurados siguiendo el ejemplo de este mismo supuesto de crimen pasional, estarán orientadas a poner de manifiesto en los jurados sus labores domésticas o conductas matriarcales o relacionadas con el feminismo, o cualquier otra que pueda predisponer el veredicto de cualquier jurado basado en prejuicios. De este modo que si en las respuestas de los jurados subyace algún prejuicio de esta índole, el abogado podrá tacharlas hasta que construya un jurado hecho a medida para su cliente.
El abogado nunca debe ser juez y parte a la hora de defender a su cliente, siempre se le plantea un doble sentimiento cuando se sienta en estrado, es muy oportuno reflexionar sobre esta cuestión de conciencia moral, para no estigmatizar a dicho profesional.
No olvidemos que por el principio de legalidad, el objeto del veredicto vincula al juez a la hora de redactar los fundamentos jurídicos y el fallo de la sentencia.
Es por ello que la opinión que me merece esta institución en la que se puede determinar el objeto del veredicto dejándose llevar por prejuicios y no por ideas de justicia material, mientras que un juez profesional siempre fijará el horizonte de su resolución judicial siguiendo las reglas de la sana crítica y lógica, pilares y fundamentos jurídicos básicos que han de constituir toda resolución judicial que pretenda ser justa y no arbitraria.
Concluyo añadiendo a las sabias palabras de Robert Lee Frost, que un buen abogado no sólo sabe convencer al jurado, sino que además, sabe elegirlo.
 Eduardo C. Rodríguez-Cano